DOLOR DE NACIÓN, LA PATRIA BOBA QUEDÓ ATRÁS.

ABOGADO FRANCISCO JAVIER VELASCO VÉLEZ

ABOGADO FRANCISCO JAVIER VELASCO VÉLEZ

VLUU L200 / Samsung L200

ABOGADO FRANCISCO JAVIER VELASCO VÉLEZ

Nos tocó por fortuna a los colombianos vivir en el paraíso terrenal, el país más bio-diverso del planeta por metro cuadrado, cada vez que nuestros biólogos cuentan las especies de aves, encuentran una nueva, lo mismo ocurre con los zapos (reptiles), mariposas en fin, es una tierra maravillosa, tenemos valles, montañas, paramos, desiertos, ríos, lagos, mares, dos (2) océanos, más de 50 parques reserva natural, pero lo más importante 48.000.000  de Colombianos inteligentes y emprendedores conscientes de la riqueza que tenemos, que saben que ese es el patrimonio de todos nosotros los Colombianos, que nadie y sólo ellos pueden disponer de ella.

En Colombia coexisten al mismo tiempo cuatro ecosistemas: el manglar, el arrecife coralino, el bosque de niebla y la selva húmeda  tropical.

Es indigno e injusto para Colombia que unos arios extraños, movidos por oscuros intereses, amparados en sus togas de supuestos juristas, prevaricadores —comisionados de justicia internacional― como bien los ha llamado el presidente Santos, —no jueces―, le den la razón al victimario, al ladrón que en el año de 1890, nos despojó de la costa Mosquitos, las islas Mangle Grande y Mangle Chico que pertenecían a Colombia desde 1803 cuando el rey de España Carlos IV (1748-1819) —que fue rey de la madre patria entre 1788 y 1808, año, en que fue derrotado, derrocado y desterrado por las fuerzas de ocupación de Napoleón Bonaparte― se las otorgó al Virreinato de la Nueva Granada. Los hechos históricos nos dan la razón, es la prueba palpable de que el fallo está sesgado, y lo esta, porque era absurdo que Nicaragua demandara su único título de propiedad —el Tratado Bárcenas Meneses-Esguerra de 1928― porque fue allí donde Colombia legalizó en favor de Nicaragua el despojo de la costa Mosquitos, la isla Mangle Grande y Mangle Chico y se las adjudicó a Nicaragua, al reconocer la soberanía de Nicaragua sobre ellas, cuya causa había sido un vil robo por parte de Nicaragua. No  contenta Nicaragua con este despojo, que le había resultado finalmente tan beneficioso, movida por intereses políticos, económicos y personales, o sea —nada jurídicos― decide mutuo propio, sin existir una sola razón legal para hacerlo, de manera unilateral e ilícita, demandar la invalidez del Tratado Bárcenas Meneses-Esguerra de 1928,   que era su único título de propiedad, es decir, era evidente que estaba corriendo el riesgo de perder la costa Mosquitos, la isla Mangle Grande y Mangle Chico si el tratado era declarado inválido como era su pretensión, así las cosas la demanda parecía bastante absurda. Por eso desde un principio esta corte ha debido rechazar la demanda por impertinente, con mayor razón si se trataba sobre la nulidad de un Tratado sobre límites, esto es, del rango de los intangibles, que no se pueden tocar, menos por medio de una sentencia, porque hacerlo va contra el principio pacta sum servanda, y contra el principio madre de las naciones unidas que dice que todo Estado es libre de auto determinarse.

Pero lo más absurdo de la demanda es que no sólo destruía supuestamente el título de Nicaragua, sino que Nicaragua pidió el archipiélago, las islas y cayos, con su mar y su espacio aéreo, es decir, la demanda era abiertamente temeraria, desleal y absurda, pues iba contra los hechos históricos y el derecho internacional.

Además de este hecho tan extraño, la corte permitió que Nicaragua modificara su demanda, una cosa, que todos los abogados sabemos que una vez iniciado un pleito no se puede hacer, porque si ello se permite, lesiona el derecho de defensa de la contra parte.

Luego la corte, no acepto que un “otro si” colocado en  el cuerpo del Acta de Canje de 5 de mayo de 1930 mediante la cual entró en vigor el susodicho Tratado, que aclaró, a solicitud de Nicaragua, que el archipiélago no se extendería al occidente del meridiano 82, sirviera como límite, cuando ello —es un limite tan preciso y tan claro que hasta los niños de quinto de primaria de cualquier colegio de nuestro país y de Nicaragua entienden.

En este punto falló la corte, porque desconoció tácitamente que un tratado público es un acto administrativo complejo, es decir, que no sólo lo comprende el cuerpo per se del tratado sino el resto de documentos necesarios para que el tratado sea válido y entre en vigencia, y uno importantísimo sine qua non, de esos documentos, es la famosa “acta de canje de ratificaciones de 5 de mayo de 1930” por medió de la cual se comunica que el Congreso de la República de Colombia aprobó el tratado y que el señor Presidente lo ratificó.

Hacer eso la corte significa que el fallo no fue proferido en derecho, sino en equidad, así las cosas el proceso, el tratado y su decisión quedó al arbitrio de los jueces y el derecho internacional público prohíbe hacer eso, porque ello va contra el principio de intangibilidad de los Tratados públicos, que señala que los Tratados válidamente celebrados son en principio inmodificables, inalterables, y mucho menos por un tercero a través de una sentencia judicial y con mayor razón cuando se trata de un Tratado sobre límites, que era bilateral, por que de el depende la seguridad del Estado, por eso el principio pacta sum servanda prohíbe desde hace siglos alterar el contenido de este tipo especial de Tratados.

Pero eso no detuvo a los comisionados de justicia internacional, como los llama sarcásticamente el presidente Santos con mucha razón― profirieron así entonces una sentencia que es un verdadero engendro que ni si quiera ellos mismos entienden. Cometieron en ella tantos errores, que no parecen jueces, sino otra cosa, pues su sentencia es una colcha de retazos, que para Colombia, en los términos como está redactada, es imposible de cumplir, porque el artículo 101 de la la constitución y las leyes que nos rigen lo prohíbe, porque la sentencia pone injustamente, de manera ilegal y antijurídica, de forma parcializada en peligro no sólo los intereses, derechos y bienes ancestrales de los raizales, sino de todo el pueblo de Colombia.

Nicaragua está obligada a sentarse con Colombia a acordar un nuevo tratado de límites con ella, teniendo como base el Tratado Bárcenas Meneses-Esguerra de 1928, y el fallo de la corte, una vez la corte enmiende su cadena de errores, de lo contrario el fallo así proferido no se puede atender por Colombia de conformidad con el derecho internacional y su tradición jurídica, está en todo su derecho de rechazarlo por inaplicable, por exorbitante, por lesivo, por sesgado. Nicaragua ya lo hizo, ella ahora no puede extrañarse que le paguemos con la misma moneda. Vino por lana y salió trasquilada.

Colombia tiene claro que los fallos se deben cumplir, pero ese principio no es absoluto sino relativo, para que el fallo se pueda cumplir, es decir, para que el fallo verdaderamente obligue a Colombia, el fallo debe estar bien configurado y adecuado, es decir, que el mismo se haya producido en derecho, que se hayan tenido en cuenta todas las pruebas, que no se haya violado el derecho de defensa de Colombia, pues los jueces no están libres de equivocarse, y en este caso lo hicieron, porque terminaron creando una nueva doctrina, que para los futuros casos constituye jurisprudencia, porque ya fue establecida en el fallo precedente. Hecho peligroso, por que puede producir un efecto dominó con el resto de Tratados de la región, establece un verdadero semillero de pleitos, o sea, en lugar de traer estabilidad y confianza jurídica, paz a la región, paso todo lo contrario. Existe la sospecha que detrás de este fallo están las petroleras y las industrias farmacéuticas, son muchas las dudas e interrogante que este fallo genera, por eso ha sido acusado de espurio. Un fallo sobre el cual exista tanta desconfianza, no puede ser ejecutado, sino más bien archivado. Borrón y cuenta nueva, porque eso es lo que más conviene a la región. Recordemos que los jueces son personas de carne y hueso como cualquier mortal, que yerran, se equivocan y cometen injusticias muchas veces ―humanae est errare.

FRANCISCO JAVIER VELASCO VÉLEZ

T.P. # 15.433

 

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s